Bullying Homofóbico: el Derecho a la Expresión de Género

January 31, 2022
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¿QUÉ ES LA EXPRESIÓN DE GÉNERO?

Básicamente este concepto puede ser descrito en cómo una persona decide proyectar su identidad, generalmente inclinándose hacia un estilo masculino o uno femenino (aunque también existe un tercero que sería andrógino o neutro). El glosario de diversidad sexual, realizado por el CONAPRED de México lo describe como:

“La manifestación del género de la persona. Puede incluir la forma de hablar, manierismos, modo de vestir, comportamiento personal, comportamiento o interacción social, modificaciones corporales, entre otros aspectos. Constituye las expresiones del género que vive cada persona, ya sea impuesto, aceptado o asumido.”

Aterricemos el concepto para comprender su relación como causa de violencia escolar.

Cuántos no hemos señalado o visto señalar a estudiantes en diferentes niveles educativos porque: “su comportamiento no es como un niño y  tiene modales muy afeminados, además tiene una voz muy poco masculina, ¡y mira cómo se viste y peina!, ese chico es rarito"; o “esa niña siempre se la pasa rodeada de chicos, está acostumbrada al trato rudo de ellos, nunca usa blusas o faldas, siempre camisa y jeans, ¡y su cabello corto!, ¡qué machorra!”.


Antes de continuar se debe aclarar que no es lo mismo orientación sexual y expresión de género, la primera se refiere a quién nos atrae (hombres o mujeres), y la segunda es de manera particular, cómo decidimos asumirnos, con todas las variantes, de alguna forma es lo que los demás “ven” de nosotros. Por ejemplo, un chico heterosexual puede tener gusto por vestirse con prendas femeninas, porque lo hace sentir cómodo, y además lucirlas en público no ocasiona un problema para él, y esto no implica que sea gay. Esta situación es lo que sucede con el cliché del travestismo o de la práctica Drag, la indumentaria (expresión de género) no define a su orientación, aunque esto es comúnmente asumido.


LA VIOLENCIA EN LA ETAPA ESCOLAR 

Aceptar (y en algunos casos elegir) los elementos de nuestra sexualidad, para construir nuestra identidad durante las etapas de desarrollo temprano, es un fenómeno que debe serles explicado con sumo cuidado a quienes transitan por estas etapas, pues van más allá de las enseñanzas biologicistas que regularmente se enseñan en asignaturas relacionadas al desarrollo humano, este enfoque debe ser integrado además con la complejidad que implica la etapa escolar: una construcción social y además política.

“En una etapa en donde las personas, particularmente las niñas y los niños, las y los adolescentes, las y los jóvenes se tendrían que asumir como dueñas y dueños de sus cuerpos, la violencia estructural y sistemática es un recordatorio constante de lo que toda la vida se vivirá mostrándolo como un sistema de control al sistema  hegemónico heterosexual, misógino y homófobo.” (Pérez B., 2018) 


¿Cómo hacer entender a la estructura escolar que esta violencia que se ha normalizado hacia quienes no se comportan “normal”, se puede convertir progresivamente en factor determinante para sobrevivir en las escuelas, abandonarlas o simplemente negarse a estudiar en ellas?

Estudios por la UNESCO en la región latinoamericana y particularmente en México nos revelan que el bullying homofóbico se expresa mayoritariamente por medio de insultos seguidos por agresiones físicas. 

Entre los efectos del bullying que una persona LGBT vive están la soledad, el miedo, la depresión, los intentos de suicidios, los daños auto-inflingidos y la deserción escolar. 

Para las y los adolescentes y jóvenes LGBT su escuela puede ya ser un lugar inseguro por distintos motivos, pero además deben sumar la ansiedad que sienten debido a sus características personales, cuán tradicionalmente masculino o femenino es su aspecto o comportamientos.

Cuando se presenta esta inseguridad, los estudiantes al sentirse incómodos en su propia escuela, suelen optar por evitar áreas o actividades en donde se sientan mal recibidos particularmente, incluso algunos optan por dejar de asistir a sus clases. 

El problema radica en que la escuela o centro de estudios debería ser un sitio de uso común sin importar su orientación o expresión de género; pero sobre todo es alarmante que a pesar de la inclusión de estos temas en los libros de enseñanza de nivel escolar básico e intermedio, se sigue presentando en la actualidad esta exclusión.


Entre los sitios en los cuales los estudiantes LGBT suelen sentirse mayormente inseguros y tienden a evitar son: las clases de deportes, cafeterías y comedores, y baños. Y esto tiene bastante lógica, ya que en estos espacios las reglas sociales y de convivencia son creadas por los mismos estudiantes (bien sabemos que el grupo crea la norma).

Es aquí donde pueden ser abordados y “castigados” por sus compañeros de escuela, siendo recurrentes las burlas, agresiones físicas, exhibicionismo y otros tratos degradantes como los apodos y comentarios y expresiones obscenas.

En ocasiones recibiendo también malos tratos de manera explícita o simulada por parte del profesorado en forma de críticas injustificadas y discriminación por no actuar de manera suficientemente masculina o femenina.


¿Pero, cómo afecta esta violencia que se experimenta en la escuela en la formación de la personalidad? La etapa de educación secundaria (entre los 12 y 15 años de edad) es en donde mayormente se presenta la violencia escolar. Es la etapa en donde se están terminando de consolidar los roles aprendidos en la primaria, esos roles de género, que de alguna u otra manera si no son cumplidos serán castigados.

Durante la educación media superior (entre 15 y 18 años de edad), se consolidan rasgos de personalidad que prevalecerán a lo largo de toda la vida adulta.

¿Faltan razones para prevenir la violencia hacia estudiantes, por razón de su expresión de género, sabiendo el impacto traumático que puede marcarlos por el resto de su vida?

Podemos evitar o al menos reducir los números de personas acomplejadas, o que evitan reconocer su sexualidad a una edad adecuada para vivirla satisfactoriamente, con simples acciones. 


PROPUESTA DE ACCIÓN

Los que formamos parte del sistema educativo y estructuras de centros escolares tenemos identificadas las formas de castigo social hacia estudiantes LGBT: el acoso verbal, el acoso físico, acoso sexual, daños o robos de bienes personales, ciberbullying, agresión relacional, aquellas que tienen que ver con distribuir rumores o excluir de ciertas actividades, entre otros.

Es interesante conocer de qué formas son castigadas las personas por no verse tan masculinas o femeninas como se espera, justificando la violencia para “mantener el orden”, eliminar lo que no se desea y suprimir cualquier intento de manifestación más allá de lo heterosexual, dejando un mensaje claro a la comunidad estudiantil sobre el rechazo y las consecuencias de salir de las normas.

Como lo describe Pérez Baeza, la etapa escolar, no es solo una etapa de la vida de las personas que es estática, es sin duda una etapa que es cambiante, que está en movimiento y que sin duda tiene un efecto negativo o positivo en nuestras  sociedades. Es así, entonces, que la “educación formal” presupone  brindar herramientas y conocimientos para el proceso formativo de las personas, cognitivo, teórico, psicosocial (por decir algunos), pero que también tiene un proceso paralelo en la construcción de la identidad, la masculinidad y la feminidad a partir del ser hombres y mujeres y el ejercicio de esta de las y los estudiantes. 

Sin embargo, en un espacio, en una estancia en donde los límites del ejercicio  de la sexualidad se reducen, el desarrollo de las personas estará limitado y violentado, llevado a  prácticas y condiciones de vida poco favorables para las personas. 


Es necesario considerar los distintos actores que participan en el monitoreo y control del orden de los sistemas de género, la familia, las y los estudiantes, los docentes y la escuela como la institución que estarán permanentemente como dispositivos de control. La forma de responder a este problema no radica únicamente en talleres de divulgación de las esferas y múltiples sexualidades (entre estos elementos la expresión de género).

Es imprescindible generar espacios en donde todos los estudiantes se sientan seguros de ser auténticos, evitando que el profesorado y cuerpos escolares se hagan ciegos a los focos rojos en donde bien sabemos que ocurren estas agresiones. 

La propuesta es la cercanía con el estudiante, atención hacia las llamadas de auxilio que habitualmente no son expresadas por ellos, ¿cómo?, asumiendo el rol que nos corresponde además docentes, el de mediadores de aprendizajes como fue propuesto en su momento por Vygostky; podemos reprimir y reducir comportamientos discriminatorios cuando aún son “un murmullo en clase”, “una mirada en los pasillos”, o un “roce descuidado”, antes de que el resto de estudiantes vean que pueden replicarlo sin ser sancionados (justificadamente), todo con miras de una saludable convivencia escolar. 



REFERENCIAS:

  • Ayala C., María. Violencia escolar, un problema complejo. Universidad Autónoma Indígena de México. 2015
  • Pérez B. Roberto. La violencia basada en la Orientación Sexual, Identidad y Expresión de Género. 2018
  • CONAPRED. Glosario de la diversidad sexual, de género y características sexuales. México, 2016.

Bullying Homofóbico: el Derecho a la Expresión de Género

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¿QUÉ ES LA EXPRESIÓN DE GÉNERO?

Básicamente este concepto puede ser descrito en cómo una persona decide proyectar su identidad, generalmente inclinándose hacia un estilo masculino o uno femenino (aunque también existe un tercero que sería andrógino o neutro). El glosario de diversidad sexual, realizado por el CONAPRED de México lo describe como:

“La manifestación del género de la persona. Puede incluir la forma de hablar, manierismos, modo de vestir, comportamiento personal, comportamiento o interacción social, modificaciones corporales, entre otros aspectos. Constituye las expresiones del género que vive cada persona, ya sea impuesto, aceptado o asumido.”

Aterricemos el concepto para comprender su relación como causa de violencia escolar.

Cuántos no hemos señalado o visto señalar a estudiantes en diferentes niveles educativos porque: “su comportamiento no es como un niño y  tiene modales muy afeminados, además tiene una voz muy poco masculina, ¡y mira cómo se viste y peina!, ese chico es rarito"; o “esa niña siempre se la pasa rodeada de chicos, está acostumbrada al trato rudo de ellos, nunca usa blusas o faldas, siempre camisa y jeans, ¡y su cabello corto!, ¡qué machorra!”.


Antes de continuar se debe aclarar que no es lo mismo orientación sexual y expresión de género, la primera se refiere a quién nos atrae (hombres o mujeres), y la segunda es de manera particular, cómo decidimos asumirnos, con todas las variantes, de alguna forma es lo que los demás “ven” de nosotros. Por ejemplo, un chico heterosexual puede tener gusto por vestirse con prendas femeninas, porque lo hace sentir cómodo, y además lucirlas en público no ocasiona un problema para él, y esto no implica que sea gay. Esta situación es lo que sucede con el cliché del travestismo o de la práctica Drag, la indumentaria (expresión de género) no define a su orientación, aunque esto es comúnmente asumido.


LA VIOLENCIA EN LA ETAPA ESCOLAR 

Aceptar (y en algunos casos elegir) los elementos de nuestra sexualidad, para construir nuestra identidad durante las etapas de desarrollo temprano, es un fenómeno que debe serles explicado con sumo cuidado a quienes transitan por estas etapas, pues van más allá de las enseñanzas biologicistas que regularmente se enseñan en asignaturas relacionadas al desarrollo humano, este enfoque debe ser integrado además con la complejidad que implica la etapa escolar: una construcción social y además política.

“En una etapa en donde las personas, particularmente las niñas y los niños, las y los adolescentes, las y los jóvenes se tendrían que asumir como dueñas y dueños de sus cuerpos, la violencia estructural y sistemática es un recordatorio constante de lo que toda la vida se vivirá mostrándolo como un sistema de control al sistema  hegemónico heterosexual, misógino y homófobo.” (Pérez B., 2018) 


¿Cómo hacer entender a la estructura escolar que esta violencia que se ha normalizado hacia quienes no se comportan “normal”, se puede convertir progresivamente en factor determinante para sobrevivir en las escuelas, abandonarlas o simplemente negarse a estudiar en ellas?

Estudios por la UNESCO en la región latinoamericana y particularmente en México nos revelan que el bullying homofóbico se expresa mayoritariamente por medio de insultos seguidos por agresiones físicas. 

Entre los efectos del bullying que una persona LGBT vive están la soledad, el miedo, la depresión, los intentos de suicidios, los daños auto-inflingidos y la deserción escolar. 

Para las y los adolescentes y jóvenes LGBT su escuela puede ya ser un lugar inseguro por distintos motivos, pero además deben sumar la ansiedad que sienten debido a sus características personales, cuán tradicionalmente masculino o femenino es su aspecto o comportamientos.

Cuando se presenta esta inseguridad, los estudiantes al sentirse incómodos en su propia escuela, suelen optar por evitar áreas o actividades en donde se sientan mal recibidos particularmente, incluso algunos optan por dejar de asistir a sus clases. 

El problema radica en que la escuela o centro de estudios debería ser un sitio de uso común sin importar su orientación o expresión de género; pero sobre todo es alarmante que a pesar de la inclusión de estos temas en los libros de enseñanza de nivel escolar básico e intermedio, se sigue presentando en la actualidad esta exclusión.


Entre los sitios en los cuales los estudiantes LGBT suelen sentirse mayormente inseguros y tienden a evitar son: las clases de deportes, cafeterías y comedores, y baños. Y esto tiene bastante lógica, ya que en estos espacios las reglas sociales y de convivencia son creadas por los mismos estudiantes (bien sabemos que el grupo crea la norma).

Es aquí donde pueden ser abordados y “castigados” por sus compañeros de escuela, siendo recurrentes las burlas, agresiones físicas, exhibicionismo y otros tratos degradantes como los apodos y comentarios y expresiones obscenas.

En ocasiones recibiendo también malos tratos de manera explícita o simulada por parte del profesorado en forma de críticas injustificadas y discriminación por no actuar de manera suficientemente masculina o femenina.


¿Pero, cómo afecta esta violencia que se experimenta en la escuela en la formación de la personalidad? La etapa de educación secundaria (entre los 12 y 15 años de edad) es en donde mayormente se presenta la violencia escolar. Es la etapa en donde se están terminando de consolidar los roles aprendidos en la primaria, esos roles de género, que de alguna u otra manera si no son cumplidos serán castigados.

Durante la educación media superior (entre 15 y 18 años de edad), se consolidan rasgos de personalidad que prevalecerán a lo largo de toda la vida adulta.

¿Faltan razones para prevenir la violencia hacia estudiantes, por razón de su expresión de género, sabiendo el impacto traumático que puede marcarlos por el resto de su vida?

Podemos evitar o al menos reducir los números de personas acomplejadas, o que evitan reconocer su sexualidad a una edad adecuada para vivirla satisfactoriamente, con simples acciones. 


PROPUESTA DE ACCIÓN

Los que formamos parte del sistema educativo y estructuras de centros escolares tenemos identificadas las formas de castigo social hacia estudiantes LGBT: el acoso verbal, el acoso físico, acoso sexual, daños o robos de bienes personales, ciberbullying, agresión relacional, aquellas que tienen que ver con distribuir rumores o excluir de ciertas actividades, entre otros.

Es interesante conocer de qué formas son castigadas las personas por no verse tan masculinas o femeninas como se espera, justificando la violencia para “mantener el orden”, eliminar lo que no se desea y suprimir cualquier intento de manifestación más allá de lo heterosexual, dejando un mensaje claro a la comunidad estudiantil sobre el rechazo y las consecuencias de salir de las normas.

Como lo describe Pérez Baeza, la etapa escolar, no es solo una etapa de la vida de las personas que es estática, es sin duda una etapa que es cambiante, que está en movimiento y que sin duda tiene un efecto negativo o positivo en nuestras  sociedades. Es así, entonces, que la “educación formal” presupone  brindar herramientas y conocimientos para el proceso formativo de las personas, cognitivo, teórico, psicosocial (por decir algunos), pero que también tiene un proceso paralelo en la construcción de la identidad, la masculinidad y la feminidad a partir del ser hombres y mujeres y el ejercicio de esta de las y los estudiantes. 

Sin embargo, en un espacio, en una estancia en donde los límites del ejercicio  de la sexualidad se reducen, el desarrollo de las personas estará limitado y violentado, llevado a  prácticas y condiciones de vida poco favorables para las personas. 


Es necesario considerar los distintos actores que participan en el monitoreo y control del orden de los sistemas de género, la familia, las y los estudiantes, los docentes y la escuela como la institución que estarán permanentemente como dispositivos de control. La forma de responder a este problema no radica únicamente en talleres de divulgación de las esferas y múltiples sexualidades (entre estos elementos la expresión de género).

Es imprescindible generar espacios en donde todos los estudiantes se sientan seguros de ser auténticos, evitando que el profesorado y cuerpos escolares se hagan ciegos a los focos rojos en donde bien sabemos que ocurren estas agresiones. 

La propuesta es la cercanía con el estudiante, atención hacia las llamadas de auxilio que habitualmente no son expresadas por ellos, ¿cómo?, asumiendo el rol que nos corresponde además docentes, el de mediadores de aprendizajes como fue propuesto en su momento por Vygostky; podemos reprimir y reducir comportamientos discriminatorios cuando aún son “un murmullo en clase”, “una mirada en los pasillos”, o un “roce descuidado”, antes de que el resto de estudiantes vean que pueden replicarlo sin ser sancionados (justificadamente), todo con miras de una saludable convivencia escolar. 



REFERENCIAS:

  • Ayala C., María. Violencia escolar, un problema complejo. Universidad Autónoma Indígena de México. 2015
  • Pérez B. Roberto. La violencia basada en la Orientación Sexual, Identidad y Expresión de Género. 2018
  • CONAPRED. Glosario de la diversidad sexual, de género y características sexuales. México, 2016.

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